En el ojo del Butoh Foto Performer. -Primer entrenamiento en soledad-

 

Desde aquellos días en el taller Becoming an Image con Manuel Vason (ver la entrada: ¿Butoh Foto Performer? -Mi experiencia en el Taller Becoming an Image con Manuel Vason-) hace un mes, no he dejado de dar vueltas a lo que ya se ha convertido en parte de mi proyecto creativo: la inclusión del ojo fotográfico en mi vida performativa. Un ojo que de alguna manera ya había alimentado durante los últimos diez años de mi vida, a la par que el Butoh, solo que en tiempos y espacios separados.

No ahondaré en la experiencia que ya expuse en esa entrada especial dentro de este Blog -y que pueden leer y observar con detenimiento si les interesa- pero sí en mi profundo cambio dentro de mi deseo de explorar ese ojo fotográfico dentro del Butoh mismo.

Dentro de las juntas de preparación del texto electrónico que proyectamos todos los que participamos en ese taller, incluyendo Manuel, mi visión personal se decidió abordar a partir del nombrarla como “lo invisible”, evitando mi primera idea de usar mi ojo interno fotográfico para buscar captar aquellos ‘fantasmas’ que me llegan durante la improvisación de mi propio Butoh. La idea de lo invisible, cierto, es mucho más interesante porque incluye esos fantasmas, claro, pero también abre el espectro fotográfico y creativo a todo eso que se experimenta durante el íntimo contacto interior del movimiento, profuso de imágenes, acciones y meandros emotivos, dentro de la ilógica del Butoh mismo.

Una vez adentrado en ese punto de partida de ‘lo invisible’, lo único que me queda es comenzar a entrenarme y practicar, enfrentándome a todos aquellos riesgos que implica una nueva exploración dentro aquella que ya llevo a cabo diariamente. No hay más que dar esos pasos y dejarse nuevamente ir.

Así, en la soledad de mi propio entrenamiento diario, cámara en mano, entré ayer nuevamente a mi improvisación pero esta vez abriendo ese ojo fotográfico como en algún momento me abrí a la idea experiencial de un tercer ojo dentro de mi trabajo escénico, el ojo que me hacía cerrar los otros dos del exterior, me ponía a crear y me hacía cantar. (1)

Expongo aquí algunas imágenes tomadas del video donde se me ve improvisando con cámara en mano:

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Y posteriormente algunas de las fotos resultantes de la cámara que traía en mano mientras improvisaba.

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Los resultados me siguen sorprendiendo y las perspectivas de sus consecuencias en mi vida creativa aún más me apasionan.

 


 

(1) Esa enseñanza viene de una frase de Picasso que descubrí cuando exploraba la carta de “La Estrella” dentro del Taller de Antonio González Caballero: “Si pintas, cierra tus ojos y ponte a cantar”.

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